La Ansiedad puede manifestarse de diversas formas, y dependiendo de las características que se presenten, distinguiremos entre distintos trastornos:
Supone la presencia de una crisis de angustia inesperada (sensación de pérdida de control, de muerte inminente, temor a estar volviéndose loco). La persona que lo padece no lo relaciona con ningún acontecimiento relevante. Y esta impredictibilidad termina generando una sensación de indefensión que aumenta el miedo a que esto vuelva a suceder. En realidad, estas sensaciones son provocadas por un aumento de la activación vegetativa, por lo que sí existen situaciones concretas (como una habitación cerrada y sofocante o un mareo producido por levantarse rápidamente) que pueden generar la denominada crisis de angustia. Pero, en ocasiones, estas circunstancias pasan desapercibidas. Este trastorno se puede presentar con o sin Agorafobia.
La característica esencial de la agorafobia es la aparición de ansiedad al encontrarse en lugares o situaciones donde escaparse puede resultar difícil (o embarazoso), o donde, en el caso de aparecer una crisis de angustia, sea complicado disponer de ayuda. Esta ansiedad puede conducir a la evitación de múltiples situaciones: estar solo dentro o fuera de casa; conducir; ir en transporte público; entrar en un ascensor; ir al cine; etc.
Se caracteriza por un miedo intenso a situaciones u objetos claramente identificables. Estos objetos pueden aparecer con mayor o menor frecuencia en nuestra vida. Depende de esto la interferencia que producirá en nuestro día a día (si vivimos en la ciudad, no nos afectará del mismo modo que nuestro objeto fóbico lo represente un león que una paloma) Por lo que será necesaria, con mayor urgencia, una intervención con situaciones u objetos a los que nos tengamos que enfrentar con mayor probabilidad.
Se caracteriza por la presencia de obsesiones (ideas, pensamientos, o imágenes persistentes) que la persona considera intrusas o inapropiadas y que provocan una ansiedad o malestar significativos. Aunque se pueda llegar a reconocer que estos pensamientos carecen de sentido, resulta difícil eliminarlos o ignorarlos. Estas ideas suelen estar relacionadas con la duda, el orden, la contaminación… En ocasiones, se tratan de neutralizar o suprimir por medio de las complulsiones : la comprobación (revisar si se ha apagado el gas, cerrado la puerta…); la puesta en orden de objetos; el lavado de manos o mediante actos mentales (rezar, contar o repetir palabras en silencio)
Las personas que han experimentado acontecimientos traumáticos (muertes, catástrofes, etc.) pueden desarrollar un cuadro sintomático característico secundario a la exposición al intenso trauma. Este cuadro incluye la reexperimentación persistente del acontecimiento, evitación de todos los estímulos relacionados con el mismo y embotamiento en la capacidad de respuesta. También puede existir una hipervigilancia ; respuestas exageradas de sobresalto; dificultad para dormir; problemas de concentración; irritabilidad o disociación.
Este trastorno se caracteriza por una ansiedad y preocupación excesivas que se centran en una amplia gama de acontecimientos y situaciones. Controlar este constante grado de preocupación resulta difícil y aparecen síntomas de fatiga, inquietud, dificultad para concentrarse, tensión muscular o trastornos del sueño.
La intensidad, duración o frecuencia de aparición de la ansiedad y las preocupaciones son claramente desproporcionadas con las posibles consecuencias que pueden derivarse de la situación o el acontecimiento temidos.
Solicita una consulta
Rellena el formulario y te llamaré lo antes posible.